¡Más barata! ¡Más barata!
Marzo 31, 2008
Nadie duda sobre el cambio que Internet y las nuevas tecnologías han supuesto en el estilo de vida de las personas: cualquiera puede fácilmente acceder a ingentes cantidades de datos esparcidos por el mundo en tan sólo unos segundos o comunicarse mediante vídeo y voz con cualquier persona, esté donde esté; se puede comprar prácticamente cualquier artículo que se busque desde la sala de estar, y cientos de aplicaciones más. Desde el momento en que todos podemos acceder más fácilmente a los objetos o personas que deseamos, se podría decir que todos estamos más interconectados que nunca. Pero, ¿las aportaciones de la era de las comunicaciones simplemente se limitan a este cambio en nuestros hábitos de vida? Desde este artículo se sostiene y argumenta una postura que va mucho más allá de las simples comodidades que proporciona Internet y la telefonía: estamos ante una revolución científica y humana jamás ocurrida hasta ahora.
Cuando el lector ha leído el término Economía de la Información probablemente haya pensado en la factura que su proveedor de servicios de Internet le remite mensualmente. En realidad este término va mucho más allá: pensemos en el precio de la información, no como su valor en euros, sino como el esfuerzo o dificultad para acceder, retener y transmitirla.
Historia Económica de la Información
La imitación
En los albores de la humanidad, cuando los habitantes más inteligentes de la tierra eran más similares a los simios que a los humanos, éstos vivían en unas condiciones más similares a los animales no racionales que a los seres humanos. Los homínidos de entonces, al ser mas inteligentes que el resto de animales, no sólo se comportaban instintivamente, sino que tenían la capacidad de aprender con la experiencia. Todo lo que un ser podía aprender a lo largo de su corta vida se perdía cuando éste moría, ya que no había manera de transmitir la información aprendida. No existía un lenguaje para la transferencia del conocimiento.
Podríamos decir que nos encontramos ante el estado más costoso de la información: cada información era una pieza única y limitada en el espacio y en el tiempo. El conocimiento de la comestibilidad de una fruta o de los peligros de un depredador probablemente serían más valiosos que actualmente el Guernica de Picasso: no sólo eran únicos en el universo individual de cada ser, sino que tenían fecha de caducidad (el tiempo que pudiera tardar en morir el individuo poseedor del conocimiento).
Pero estos seres ya vivían en pequeños grupos con miembros de la misma especie. Si uno de éstos tenía la capacidad de innovar, comprobar si una fruta era comestible, utilizar una piedra para partir un hueso y extraer el tuétano, los otros miembros, al verlo y ser capaces de imitarlo y aprender con la propia experiencia, podrían reproducir, mediante la imitación, la información generada una vez y retenerla durante generaciones de seres imitadores.
Estamos, pues, ante el primer gran abaratamiento de la información: cada idea, cada técnica, cada ápice de saber podía ser retenido y, lo que es más importante, no necesitaba ser reinventado continuamente por cada individuo. De esta manera, los esfuerzos dedicados anteriormente a reinventar los mismos conceptos, ahora se podían aplicar a perfeccionar los ya existentes.
El lenguaje
Con el desarrollo biológico de los homínidos y el aumento de sus capacidades intelectuales fueron surgiendo los primeros lenguajes, al principio reducidos a simples gesticulaciones y sonidos guturales, y más adelante evolucionados hasta lenguajes orales complejos. Esto no sólo permitiría una transferencia del conocimiento más precisa, sino también una mejor organización de la propia mente mediante la introducción de conceptos más abstractos, y la posibilidad de representarlos y combinarlos mediante un esquema mental más sofisticado.
Ahora no sólo es posible transmitir las ideas con mayor detalle, sino también es posible interactuar entre seres humanos para discutir y perfeccionar las ideas (dos mentes piensan mejor que una). La evolución del conocimiento es cada vez menos un proceso individual para ser cada vez más un proceso colectivo; ahora los seres de una misma tribu están fuertemente enlazados para el intercambio de información. Las mejoras tecnológicas y de producción, juntamente con las capacidades organizativas que dota el lenguaje humano, crea sociedades donde la especialización de sus miembros es un hecho: unos miembros del grupo o tribu se pueden dedicar a cazar mientras otros recolectan frutos o, más adelante, unos cultivan el campo mientras otros cuidan de los rebaños.
Se podría decir que el lenguaje oral contribuyó en gran medida a la transición entre sociedades nómadas de individuos recolectores, carroñeros y/o cazadores, hasta sociedades sedentarias con organizaciones complejas y jerárquicas, gracias a la evolución tecnológica que permitió a los seres humanos controlar la producción y acopio de alimentos, ropa, útiles y herramientas.
La escritura
No obstante, el lenguaje oral tiene sus inconvenientes: la información es almacenada en la mente de los individuos, y ésta está limitada por la memoria. Con el tiempo, muchos conocimientos corren el peligro de degradarse o deformarse debido al olvido e incluso, al tratarse de sociedades pequeñas, todo el conocimiento generado por un grupo aislado durante generaciones se perdería en caso de que una tribu se extinguiera por colapso, epidemia o desastre natural. También hay que tener en cuenta que el mensaje se va degradando y deformando a medida que se va transmitiendo. ¿Cuántas historias o rumores habrá usted escuchado que, partiendo de una anécdota, se van aumentando y cambiando hasta acabar formándose una historia digna de una película de serie B?
Hace tan sólo unos pocos miles de años, surgió la escritura para acabar con estas limitaciones del lenguaje oral debido a la inmutabilidad y perdurabilidad del soporte escrito. Un documento escrito es inmutable: refleja exactamente lo que el emisor del mensaje pretende decir. Es capaz de almacenar conocimiento e ideas sin que éstas cambien en el tiempo. Las escrituras también son perdurables, ya que la información se conserva durante largos períodos de tiempo, pudiendo durar ésta años, siglos o milenios. Prueba de ello son las escrituras egipcias y babilónicas que todavía hoy se conservan.
Gracias a la escritura, la humanidad ha podido almacenar durante años los conocimientos que los primeros grandes sabios de la antigüedad generaron hace ya varios miles de años: Heráclito, Platón, Aristóteles, Arquímedes, y un largo etcétera.
Durante los oscuros períodos de la edad media, los libros de tan grandes filósofos y científicos se almacenaban en las bibliotecas de los monasterios. Cada libro era una preciada copia de parte del saber humano que se guardaba con recelo y extremo cuidado con el objetivo de ser conservado para la posteridad.
Esta necesidad de reproducir y copiar los escritos existentes dió pie al oficio de copista: aquella persona que copiaba los libros a mano (por ello son también llamados amanuenses). Un buen copista era capaz de copiar hasta tres páginas por día. Ello suponía que copiar un libro como la Biblia necesitara de varios meses, e incluso años, de árduo trabajo.
Imaginemos qué supondría eso hoy en día: contratemos a un mileurista para trabajar durante 6 meses en un libro. ¡Eso querría decir que obtener una copia de un libro cualquiera nos costaría 6000 euros! (y eso suponiendo que tenemos contratado al pobre mileurista en régimen de explotación, sin pagarle seguridad social ni otros costes añadidos). Esto nos da una idea de cuán preciado podría ser un simple libro en la antigüedad, y explicaría la siguiente anotación al final de un códice medieval: Si alguno se lleva este libro, que lo pague con la muerte, que se fría en una sartén, que lo ataquen la epilepsia y las fiebres; que lo descoyunten en la rueda y lo cuelguen.
La imprenta
A pesar que los chinos inventaron un sistema básico de imprenta, y que uno similar a éste era utilizado en la Alta Edad Media para la impresión de panfletos, la imprenta moderna no se inventó hasta la mitad del siglo XV por el herrero alemán Johannes Gutenberg.
Las imprentas anteriores a Gutenberg funcionaban mediante placas de madera tallada que se aplicaban sobre el papel que había que imprimir. Esto suponía un arduo trabajo de artesanía requerido para crear cada página, y tampoco se podía utilizar para realizar muchas copias de un mismo impreso, puesto que la madera se desgastaba considerablemente.
Gutenberg, tras varios años de duro trabajo y arruinarse varias veces, consiguió crear un sistema de tipos móviles de metal, en el que cada uno de los tipos (es decir, piececitas sueltas que representaban una letra), se enganchaban en un soporte con el cual se prensaba el papel y se imprimían las páginas enteras.
El primer libro impreso de la historia con la Imprenta de Gutenberg fue la traducción al Alemán de La Biblia, de la cual se imprimieron 150 copias, de dos tomos de 324 y 319 páginas respectivamente. Es verdad que, siendo la primera impresión de la historia, esa Biblia costó a Gutenberg años de trabajo y grandes sumas de dinero invertido; pero imaginemos por un momento cuántos años y dinero se hubiera necesitado para que un equipo de asalariados copiaran a mano esas 96450 páginas que se imprimieron en total.
Esas copias de la Bíblia en alemán, de la que hoy quedan apenas unas pocas copias enteras que se guardan como auténticos tesoros nacionales, se vendieron rápidamente, y en poco tiempo el taller del ya fallecido Gutenberg empezó a recibir más y más encargos de nuevas publicaciones.
La imprenta supuso la que quizá haya sido la mayor revolución cultural de la humanidad: a partir de entonces, por un precio módico cualquier persona de clase media podía obtener un libro, una porción de saber. Ya no era necesario acceder a un monasterio para leer cuidadosamente libros centenarios, algo reservado a las más altísimas esferas de la sociedad. Gracias a la imprenta, el saber humano se pudo copiar y distribuir a velocidad de vértigo por todo el mundo. El precio de la información se abarató por varios miles casi de la noche a la mañana.
No es casualidad que tras la imprenta el humanismo, la ciencia y el saber, dormidos desde hacía más de 1000 años, florecieran de nuevo en El Renacimiento: uno de los grandes momentos en la historia universal que marcó el paso del mundo medieval al mundo moderno.
Las comunicaciones a distancia
Podría decirse que las telecomunicaciones tal y como hoy las conocemos empezaron a fraguarse en el siglo XIX. En 1833, Samuel Morse presentó el telégrafo eléctico, que permitía el envío de señales eléctricas por cable a largas distancias de manera instantánea. A diferencia de las revoluciones de la información anteriormente descritas, el telégrafo no suponía un avance en la manera de generar o almacenar la información, sino que permitía la distribución casi inmediata de esta entre dos puntos cualquiera de un país. Anteriormente, los mensajes que podían tardar días o semanas en enviarse por parte de un mensajero, a partir de entonces se podían transmitir en cuestión de segundos. No sólo se ganó en velocidad sino también en economía ya que, una vez invertidas grandes sumas de dinero en cablear las regiones, se podían transmitir datos por un conste insignificante si lo comparamos con el coste de pagar a un mensajero particular.
Relativamente poco tiempo después, a finales de siglo XIX, el ruso Alexander Stepanovitch Popoff inventó la antena de radio. Si antes eran necesarias grandes y costosas inversiones en infraestructuras de cableado para poder establecer comunicaciones rápidas y baratas, gracias a este invento se podían comunicar dos puntos lejanos sin necesidad de cables, y poder salvar la orografía que impedía hacer llegar el cableado telegráfico a lugares de difícil acceso por culpa de ríos o barrancos. El italiano Giuglielmo Marconi tardó poco en aplicar la antena en telegrafía (invento por el cual ganó el Nóbel de física en 1909), aunque se tardó poco en utilizar la antena para otros menesteres: emisiones de radio, televisión, hasta la telefonía móvil o internet inalámbrica de hoy día.
Las comunicaciones a distancia de voz o imagenes han permitido transmitir datos, imágenes y sonidos en tan sólo unos segundos desde una parte a otra del mundo. Aparte de una potente herramienta de entretenimiento, ha permitido una gran parte de la humanidad presenciar desde su casa en directo eventos informativos, deportivos o divulgativos. Como pasó en las anteriores revoluciones de la información, nunca una cantidad ingente de datos se había podido replicar y distribuir tan fácilmente y en tan poco tiempo. Ello ha permitido que no sólo la gente haya podido estar entretenida en informada, sino que también ha dotado a empresas, gobiernos y centros de investigación de herramientas para acelerar las gestiones y el acceso a los datos, habiendo permitido acelerar estrepitosamente el progreso científico, el crecimiento económico y el bienestar del mundo desarrollado.
Deja tu comentario