Información a precio ~0: revolución social, peligros y soluciones
En el anterior artículo, llamado ¡Más barata, más barata!, se describía un recorrido histórico por todas las revoluciones de la información que el ser humano ha conocido, y cómo estas no eran más que una manera de abaratar tremendamente el precio de dicha información.
En este artículo se explica la última gran revolución cultural y técnica de la humanidad, y cómo gracias a ésta el coste de la información no sólo es prácticamente nulo, sino cómo el precio de ésta es negativo; es decir, la información no sólo corre el peligro de no tener valor, sino de ser dañina.
Panorama actual: la revolución digital
A mediados de los años 1940, compañías y universidades estadounidenses empezaron a fraguar el embrión de los ordenadores actuales, básicamente con finalidades militares y administrativas. Éstos se concibieron como máquinas que podrían hacer decenas o cientos de cálculos en tan sólo unos minutos y sin equivocarse (cualquier ordenador personal hoy día hace varios cientos de millones de operaciones en tan sólo un segundo). Además, serían capaces de almacenar una gran cantidad de datos en un espacio inferior al que ocuparían en papel, y a los que se podría acceder de una manera automática y veloz.
Éstos ordenadores ocupaban pabellones enteros, y consumían casi tanta electricidad como toda una ciudad. Eran máquinas carísimas, que sólo podían permitirse los gobiernos de los países más ricos o entidades del tamaño de los grandes bancos. Nadie fue capaz de imaginar la revolución social en en qué se convertiría el mundo de la computación tan sólo unas décadas después. He aquí unas frases reales y divertidas que se atribuyen a los grandes gurús de aquella época:
- La revista Popular Mechanics dijo en 1949: “Aunque una calculadora ENIAC está equipada con 18.000 tubos de vacío y pesa 30 toneladas, los ordenadores del futuro tan solo necesitarán 1.000 tubos de vacío y pesarán 1,5 toneladas”. No sabían que en pocos años, los tubos de vacío que entonces se usaban para hacer ordenadores se substituirían por los transistores, mucho más pequeños y rápidos. Actualmente, cualquier ordenador portátil tiene integrados cientos de millones de transistores y no pesa más de 3 kilogramos.
- En 1943, Tomas Watson, presidente de IBM, dijo: “Pienso que en el mundo sólo hay mercado para 5 computadoras”. Esta frase está en la línea de la mostrada a continuación:
- En 1977, Ken Olson, Presidente y fundador de Digital Equipament corp dijo: “No hay una sola razón para que alguien desee una computadora en casa“.
Estas frases muestran que, como en toda revolución, ni siquiera los protagonistas de la revolución digital pudieron imaginar ni de lejos hasta donde podría llegar aquello en que ellos estaban trabajando. Una prueba de lo equivocados que estaban es que hoy día cualquier familia de clase trabajadora tiene un ordenador varios millones de veces más potente que el que la NASA utilizó para llevar al primer hombre a la luna hace 40 años y, probablemente sin saberlo, cualquier persona utiliza varias decenas de ordenadores más camuflados en lugares como el televisor, teléfono móvil, coche o incluso el reloj.
Pero la revolución a la que estamos asistiendo, y de la que estamos siendo protagonistas, no sólo se basa en el ordenador en sí, sino en la manera en que los ordenadores se comunican entre sí de manera remota: Internet.
A mediados de siglo XX, en pleno desarrollo de la informática con fines comerciales y militares, se empezó a plantear la posibilidad de que los ordenadores se comunicaran entre sí para intercambiar datos. Pero no fue hasta 1969 cuando la estadounidense Agencia de Investigación de Proyectos Avanzados de Defensa (DARPA) empezó a planificar la creación de una red capaz de interconectar varios ordenadores y que, en caso de una eventual guerra atómica, ésta pudiera seguir funcionando si una parte de la red fuera destruida.
Poco a poco, esta red militar se fue abriendo a otras instituciones tales como universidades, centros de investigación y grandes empresas. Esto empezó a permitir rápidas comunicaciones entre la gente mediante correo electrónico, boletines de noticias, y más tarde, la Web mediante la cual usted habrá podido acceder a este documento.
Ya tenemos los dos elementos claves para nuestra revolución: la potencia de los ordenadores, y la facilidad para comunicarse entre ellos. Como se explicaba al principio del documento, esto ha abierto un gran abanico de ocio, comunicación personal y facilidad de acceso y compartición de datos como vídeos, música, o libros electrónicos. Pero la verdadera revolución va más allá, y ésta se podría dividir en dos:
- La revolución científica y técnica: para comprender cómo Internet ha acelerado el progreso científico y técnico en nuestros días tan sólo hay que comparar cómo son las cosas hoy a cómo eran hace tan sólo 20 años, cuando ya existía Internet pero su uso no era todavía masivo. Hoy en día, cualquier empresa saca un nuevo producto y los usuarios de éste disponen inmediatamente de toda la información técnica disponible para el uso y el conocimiento de dicho producto. El investigador que quiera abrir una nueva línea de investigación o escribir un nuevo artículo puede acceder inmediata y automáticamente a ingentes cantidades de información relacionada con los objetivos que persigue: estudios, documentos, artículos previos. Los equipos de trabajo pueden estar distribuidos por todo el mundo, y aún así poder trabajar sin problemas en proyectos comunes, comunicándose y compartiendo documentos mediante email, teleconferencias, mensajería instantánea, etc… Es por esto y mucho más que Internet ha supuesto un enorme catalizador para el progreso científico, pues acciones que hace unos años requerirían de varios meses (debido esencialmente al tiempo y coste para buscar y acceder a los datos), en las autopistas de la información se pueden realizar de manera prácticamente inmediata.
- La revolución social: Internet no sólo supone una potente herramienta de trabajo, sino que también introduce un nuevo paradigma en los medios de comunicación. A pesar de lo relativamente barato que resultaba transmitir información por vía impresa, radio y televisión, tal y como se explica en el anterior artículo sobre la Historia Económica de la Información, sí es verdad que no todo el mundo podía llegar a difundir información masivamente, puesto que los costes de impresión, licencias o equipos de transmisión hacían que una simple persona de clase media tuviera que limitarse a ser un receptor pasivo de información. Hoy en día, gracias a las nuevas tecnologías, cualquier persona puede generar y distribuir grandes cantidades de documentos al resto de la humanidad de manera inmediata. Claros ejemplos de esto son los bloggers: aquellas personas que sin conocimientos técnicos sobre Internet, y sin ningún coste más que su tiempo personal escriben artículos en sus cuadernos de bitácora virtuales. Cualquiera puede transmitir sus propios programas de radio mediante el uso de podcasts o compartir vídeos en páginas como Youtube. Ahora, cualquiera puede ser un emisor de información al resto del mundo. Se ha permitido pasar de un modelo de medios de comunicación centralizados, aquellos pocos medios convencionales que todavía emiten información para una gran audiencia, a un modelo descentralizado, donde todo el mundo envía y comparte información con todo el mundo. Pero la revolución llega mucho más allá; de un receptor pasivo que recibe la información escogiendo entre un numero limitado de medios disponibles, se ha pasado a un receptor activo: ahora es la audiencia la que “sale” al ciberespacio a buscar la información que le interesa, escogiendo entre un inmenso abanico de temas. Antes uno debía conformarse con ver aquellos programas de televisión que interesaban a la mayoría. Ahora, las personas con gustos e intereses poco usuales pueden acceder a publicaciones a las que antes hubieran podido acceder de manera muy limitada. Pero la revolución social va mas allá de las puras ventajas como consumidor. Si antes era relativamente fácil para un gobierno corrupto o dictatorial silenciar a los medios de comunicación críticos con él, ahora es imposible, ya que la cantidad de información se ha multiplicado y repartido por varios cientos de miles de puntos dispersos. Este es el motivo por el que algunos gobiernos represivos impiden o limitan el acceso a Internet por parte de sus ciudadanos. En el trasfondo de todas estas acciones no hay más que una voluntad de encarecer artificialmente el precio de la información para que las clases dominadas no puedan generarla y dificultar así la libertad de pensamiento y las revoluciones sociales.

Peligros para la información en la era Digital
Después de reflexionar acerca del precio de la información, ya nadie duda que la creación y difusión información actualmente es casi gratuita (prueba de ello es que este artículo haya llegado a usted). Todo el mundo puede ser emisor y receptor de información a la vez, ya que todo el mundo puede publicar sus artículos en una bitácora, o enviar un email con algún contenido interesante a decenas de personas a la vez. Gracias a la era digital, la información puede fluir libremente sin el filtro ideológico y la censura de ningún gobierno o empresa de comunicación.
Pero este gran arma de progreso social es a la vez un peligro, ya que la información corre el peligro de tener un valor negativo. Esto hace referencia a aquella información que no informa o transmite un conocimiento veraz, sino que difunde todo tipo de falacias, rumores o mentiras. Un buen ejemplo de ello son esas largas cadenas de emails en las que se habla sobre inminentes acciones terroristas, inmigrantes violadores, niñas enfermas que necesitan la colaboración de quien recibe el email, etc. Este ejemplo muestra cómo algunas partes interesadas pueden difundir anónimamente información falsa para conseguir sus objetivos económicos o ideológicos. La mayoría de estos emails en cadena son iniciados por mafias para recolectar información personal de quienes los envía y recibe y así poder enviarles correo basura. Otros son iniciados por partidos políticos que, aprovechando el anonimato y la distribución tan difusa que brinda Internet, difunden todo tipo de apologías al terrorismo, la xenofobia u otras ideas políticamente incorrectas para intentar cambiar la opinión de las personas.
De toda la información que circula por Internet, la mayor parte de ésta podría calificarse objetivamente como basura. Y la misma herramienta que puede llevar a la sociedad hacia un mundo socialmente más justo y democrático puede servir para destruirse a sí misma.
Cómo evitar que la información negativa acabe destruyendo Internet
Argumentos como los explicados en el apartado anterior pueden ser utilizados por los gobiernos para justificar el control y la censura en Internet. Claro ejemplo son los gobiernos de China o Pakistán, que limitan parcialmente el acceso a Internet a sus ciudadanos.
Al igual que inundar Internet con información falsa representa un paso atrás en el progreso social, censurar Internet equivale a no haber dado nunca ese paso hacia adelante y, por tanto, un Internet censurado es incluso peor que un Internet lleno de información dañina.
Desde este artículo se defiende, como única solución viable a la desinformación en Internet y a la ya clásica desinformación en los medios tradicionales, la educación personal y la promoción del pensamiento crítico y escéptico. Para ello es necesario un cambio de mentalidad en la sociedad, sobretodo en las nuevas generaciones, donde el saber y la cultura no sea algo de lo que huir como si fuera la peste, dando por sentado que es algo aburrido y poco interesante sin siquiera haber intentado entrar el él y comprenderlo.
Es por ello que se requiere un cambio de mentalidad general, donde la cultura y el saber sea valorada por todos, no como un elemento para conseguir unas metas profesionales en aquellos que han estudiado, sino como algo enriquecedor para todos: tanto para el albañil como para el médico, donde los divulgadores del conocimiento toman un papel vital. Es por ello que desde sofocracia.org seguiremos promoviendo el saber, el pensamiento crítico y el debate como un pequeño pasito más para ayudar a capacitar al gran público de habilidad para buscar, cuestionar, discernir y criticar la información con la que es bombardeado, tanto por métodos tradicionales como mediante las nuevas tecnologías.
Está claro que en internet hay todo tipo de información, tampoco creo que la mayoría sea mala, aunque es verdad que hay claras y rotundas mentiras dañinas. Hay que ser capaz de aprovechar lo bueno y evitar el mal uso, en el fondo esto es una herramienta como cualquier otra. Ni bueno ni malo, depende del uso. Personalmente creo que la mayoría de la gente es más sabia de lo que parece, y que aquello de que la mayoría son tontos y/o malos es lo que nos han hecho creer para que nos sintamos solos y asustados, pero no es cierto, todos pensamos y hay mucha más gente buena que mala.
Yo de Internet (y es muuucho) me quedo con la wikipedia, demostración de que la mayoría de buenas intenciones puede a las ganas de malear de algunos pocos.