Sobre la difusión de la cultura y el pensamiento crítico
Hace más de dos milenios, el filósofo Platón definió la Sofocracia como el gobierno de los sabios. Según él, la idea más elevada e importante era la el bien, por tanto, la gente más sabia sería por definición la más buena y justa, y la que sabría gobernar al pueblo para conducirlo hacia a la felicidad. Cuando intentó poner en práctica su gobierno, éste resultó un rotundo fracaso. Quizá el ingenuo de Platón no tuvo en cuenta que los sabios e inteligentes también son personas, y tienen sus propias ambiciones e intereses.
La Democracia de la que disfrutan los países modernos otorga a sus ciudadanos el poder de decidir quién les ha de gobernar. En teoría es el gobierno más justo e igualitario, aunque a lo largo de la historia se ha demostrado que la democracia está llena de carencias; un ejemplo extremo de ello puede ser la ascensión de Hitler al poder mediante unas elecciones democráticas.
En democracia, el pueblo obtiene la inmensa responsabilidad de elegir a quienes guiarán el rumbo de un país. ¿Pero está el pueblo realmente capacitado para gobernarse a sí mismo? Es posible que no del todo. Las personas son fácilmente sugestionables mediante publicidad, engaños, miedos y multitud de tretas psicológicas.
Es paradójico que el propio sistema dota a sus ciudadanos gratuitamente del mejor sistema educativo de la historia y por otra parte les presiona para despreciar la cultura, para anular su pensamiento crítico e independiente, para huir de la inteligencia como el que antiguamente huía de la lepra. Al fin y al cabo son necesarios ciudadanos bien formados profesionalmente para mantener un sistema económico creciente, pero intelectualmente perezosos para poder ser manejados y persuadidos como electores, trabajadores y consumidores.
Nuestro proyecto (nuestro porque pertenece tanto a sus editores como a ustedes, lectores) nace con el objetivo de retomar y modernizar el antiguo concepto de Sofocracia, ésta vez no entendido como el gobierno de unos pocos sabios hacia la ciudadanía, sino como el gobierno de los elegidos por un pueblo sabio. Para perseguir esta utopía, no se pretende crear una comunidad virtual para el activismo político, sino divulgar el conocimiento y el pensamiento entre el mayor número de gente posible.
Los contenidos de este pequeño quiosco virtual no pretenden ser complicados y largos artículos técnicos para las élites culturales. Se pretende divulgar el conocimiento de manera ligera, entendible por todos y, como principal objetivo, que los contenidos aquí publicados sean del mayor interés para todos, sin diferenciación entre un ingeniero, un albañil o una ama de casa. Todo ello sin intentar influir en la opinión o ideología de nadie, pretendiendo que sea cada uno de los lectores los que formen su propia opinión sobre los asuntos que le conciernen.